A lo mejor sois de los que pensáis que nadie es normal, que quien más quien menos tiene sus particularidades o, lo que es lo mismo, que todos somos un poco raritos. Yo creo que alguna vez también he pensado así, pero creo que ha sido más bien para no sentirme tan sola y justificar así mi rareza congénita. Porque pensándolo bien, no es cierto eso de que no haya nadie normal. Yo estoy rodeada de gente normal (no todos, claro, pero sí bastantes). Tengo un montón de amigos normales que tienen, asimismo, una vida ordenada y normal que atiende a ciertas normas establecidas. Tienen una pareja normal con la que hacen cosas normales y tienen también discusiones normales sobre problemas normales. Tienen una familia normal que suele hacer también cosas normales. Tienen una salud normal que no suele preocuparles por eso precisamente, porque es normal.
Pero es que en mi vida nada de eso es normal: en vez de tener pareja tengo un 'no-novio', en vez de tener una familia, tengo a Naciones Unidas y UNICEF las dos juntas, en vez de tener salud tengo dos excursiones al hospital todas las semanas. Joder, es que en mi vida no es normal ni mi gata, que nació ya totalmente loca, pero claro, el ambiente en que se está criando la ha convertido directamente en carne de presidio.
¿Acaso no me merezco ser normal????
jueves, 6 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009
Cabreos
La gente que me conoce, pero incluso la gente que me conoce bastante, se sorprende a menudo de mi mala leche. No es un rasgo que se espere de mí, ni tampoco es que me cabree muchas veces en serio. Ya sé que todos tenemos nuestro carácter, pero yo no estoy hablando de enfados de poca monta, sino de auténticos cabreos. El que he cogido esta mañana ha sido uno de ellos. La víctima ha sido una celadora de la seguridad social y, todo hay que decirlo, se merecía los gritos por inútil. Lo cierto es que yo misma me sorprende de las cosas que pueden llegar a salir por mi boca cuando me cabreo así. Es como la transformación de Hulk, pero sin volverme verde, un poco roja si acaso. Lo malo es que, claro, salía del otorrino y éste me acababa de decir que para evitar mi segunda operación de nódulos tenía que hablar menos, más bajo y más despacio. Pero claro, a mí nadie me había dicho que nada más salir de la consulta iban a poner a prueba a mi parte más chunga. En fin. Está claro que no hay nada que hacer para evitar la operación porque la vida no está hecha para no gritar. Al menos si tienes sangre en las venas en vez de horchata... Es inevitable.
martes, 4 de agosto de 2009
Momentos impagables
Un profesor de lengua que tenía en el instituto me dijo una vez que "con dinero no se puede comprar la felicidad, pero se pueden comprar tantos sucedáneos que pasa desaparcebida". Siempre he estado bastante de acuerdo con esto, aunque hoy me ha dado por pensar en las pocas o incluso únicas cosas que no se pueden comprar ni con todo el oro del mundo. Son los momentos.
Y no me refiero a los buenos momentos en general, sino a los momentos verdaderamente especiales. Me refiero a una larga conversación entre cervezas con un buen amigo, con una de esas personas con las que conectas, con las que tienes un vínculo invisible que sobrepasa la amistad para convertirse en complicidad. O a una noche de fiesta con gente que te importa, una noche en la que la vida te parece maravillosa y los problemas se desvanecen hasta no existir. O a mirar a los ojos a la persona que quieres y sentir que todo lo demás no importa porque, entonces, en ese preciso momento, no existe nadie más en el mundo. Yo he vivido todos estos momentos, y en todos ellos he sentido el impulso de decirle a la persona o personas que tengo delante que los quiero, que sin ellos nada tiene sentido... Pero, ay amigos, lo malo de los momentos especiales es que pasan. Y a mí se me suelen pasar sin decir lo que estoy pensando. Sólo espero que los demás sepan leer en mis ojos.
Y no me refiero a los buenos momentos en general, sino a los momentos verdaderamente especiales. Me refiero a una larga conversación entre cervezas con un buen amigo, con una de esas personas con las que conectas, con las que tienes un vínculo invisible que sobrepasa la amistad para convertirse en complicidad. O a una noche de fiesta con gente que te importa, una noche en la que la vida te parece maravillosa y los problemas se desvanecen hasta no existir. O a mirar a los ojos a la persona que quieres y sentir que todo lo demás no importa porque, entonces, en ese preciso momento, no existe nadie más en el mundo. Yo he vivido todos estos momentos, y en todos ellos he sentido el impulso de decirle a la persona o personas que tengo delante que los quiero, que sin ellos nada tiene sentido... Pero, ay amigos, lo malo de los momentos especiales es que pasan. Y a mí se me suelen pasar sin decir lo que estoy pensando. Sólo espero que los demás sepan leer en mis ojos.
lunes, 3 de agosto de 2009
Traumas de la infancia
La palabra 'trauma' suena la mar de fuerte. Y ya no te digo si el trauma en cuestión lleva como coletilla la palabra 'infantil'. Entonces todos lo asociamos con padres alcóholicos que pegan a sus hijos y demás sucesos escabrosos por el estilo. Yo también pensaba así. Y claro, como mis padres no me pegaban ni mi casa era un hogar desestructurado ni he vivido en orfanatos, ni reformatorios, ni nada de eso, pues siempre había pensado que yo no tenía ningún trauma infantil. Claro, eso era demasiado fuerte. Pero resulta que me he dado cuenta de que se pueden tener otro tipo de traumas infantiles sin necesidad de haber sido maltratado ni de haber pasado por el reformatorio.
A lo que me refiero, es a lo que te marcan, para bien y para mal, tus experiencias infantiles. La forma de ser de tus padres, hermanos y tu forma de relacionarte con ellos condicionan mucho el cómo se es después. Y yo nunca me había parado a pensar hasta hace unos meses en las carencias y excesos que tuve en mi casa mientras viví allí y también ahora. No le echo la culpa a nadie de nada, no es eso, simplemente he descubierto que muchas de mis reacciones y de mis formas de actuar tienen una explicación lógica si tenemos un poco de memoria histórica. No sé si estás entendiendo algo o no, pero bueno, el otro día hablé de esto mismo con mi amiga y me entendió a la perfección, así que aunque tú no me comprendas ya no me siento desamparada. Hasta aquí mi reflexión chorras de hoy. Y gratis. Ala.
A lo que me refiero, es a lo que te marcan, para bien y para mal, tus experiencias infantiles. La forma de ser de tus padres, hermanos y tu forma de relacionarte con ellos condicionan mucho el cómo se es después. Y yo nunca me había parado a pensar hasta hace unos meses en las carencias y excesos que tuve en mi casa mientras viví allí y también ahora. No le echo la culpa a nadie de nada, no es eso, simplemente he descubierto que muchas de mis reacciones y de mis formas de actuar tienen una explicación lógica si tenemos un poco de memoria histórica. No sé si estás entendiendo algo o no, pero bueno, el otro día hablé de esto mismo con mi amiga y me entendió a la perfección, así que aunque tú no me comprendas ya no me siento desamparada. Hasta aquí mi reflexión chorras de hoy. Y gratis. Ala.
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