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martes, 10 de julio de 2007

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar la libertad.

Ignoro dónde vive, qué lengua habla,
de qué color tiene la piel, cómo se llama...
pero, en este mismo instante,
cuando tus ojos leen mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto de animal acosado
mientras muerde sus labios
para no denunciar a los amigos. ¿Oyes?

Un hombre solo grita maniatado,
existe en algún sitio.
¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?

Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.

lunes, 9 de julio de 2007

Yo ví unos ojos garzos
en un busto de mármol
con los cabellos del oro
de una gran puesta de sol.

Yo ví un corazón tierno
que se brindaba al amor
como hace el vino espumoso
al que bebe con ardor.

Y pensé que me había enamorado.

Pero ví unos ojos negros
de azabache, de pasión,
y de un color oscuro
se me nubló la razón.

La piel, de color blanco,
a gozarla me invitó,
como cuando Dios habló
y la Virgen se postró.

Y pensé que me había enamorado.

Más luego tuve en un sueño
una efímera ilusión,
niebla, luz, fantasma vano
de una imposible misión.

Sin corazón y sin cuerpo
sin tacto y sin pasión.
Ella no puede darme amor,
pues sólo es una visión.

Y supe que me había enamorado.
Quiero y no quiero querer
a quien no queriendo quiero.
He querido sin querer
y sigo, sin querer, queriendo.
Si porque tú me quieras
quieres que te quiera más
te quiero más que me quieres
¿qué más quieres? ¿quieres más?

viernes, 6 de julio de 2007

Un beso

¿Qué es un beso?
Es morir un poco
perdiendo el aliento.

¿Y un abrazo?
Es la fusión de dos almas
en un cuerpo.

¿Qué es un sueño?
Es morirse y fusionarse
al mismo tiempo.

¿Y un infierno?
Es vivir eternamente
sin tus besos.
Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo, porque tú eras lo que yo más amaba;
y tú, porque yo era la que te amaba más.

Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otros como te amaba a ti,
pero a ti no te amarán como te amaba yo.
Una palabra, una mirada,
una caricia y un beso.
Fueron los pasos que yo seguí,
después de los cuales
me enamoré de ti.

Tres largas vidas estuvimos juntos,
a la cuarta no sobreviví,
víctima del desengaño y del silencio
del chico que perdí.

Blanca como la luna

Y por fin llegó la noche,
y con ella la luna y las estrellas,
y con ellas las sombras,
y entre las sombras tú.

Y como el viento al acariciar las hojas
tu hado en mis pupilas paró: blanca como la luna,
de negro como la noche y radiante como el sol.

Y como el viento a esas pobres hojas
me susurraste unas palabras
avivando el fuego de mis ojos, de mis labios,
de mi córazón...

Esa noche me diste la hiel de tus besos,
la miel de tus yagas
y el vino de tus lágrimas;
me diste dolor, amor, ira, pasión...
me diste todo y no me diste nada.

Pero esa misma noche decidiste marchar.
Y yo quedé tirado, hundido, roto,
ahogándome en mis lágrimas.
Y entonces te recordé
tal como tú fuiste:
blanca como la luna, de negro como la noche y radiante como el sol.

jueves, 5 de julio de 2007

Mortal y rosa

Mortal y rosa, rosa mortal, dardo espinoso de rosa cola,
corazón de gasas rosas en un cuerpo de agrio fajín,
te sabes preciosa y te exhibes entre las hojas, entre tus almenas,
viéndote deseada te regodeas detrás de tus agujas y esperas,
esperas que la sangre riegue tus cimientos de vida.

Pero cuando el castillo es fuerte de presencia
dentro hay un débil de pensamiento,
por eso tú, rosa, mortal rosa,
pereces coqueta al tiempo, sucumbes marchita a la edad.

Y si tienes suerte, mucha suerte,
quedas prendida de la solapa de algún galán.
Ay; mortal y rosa, tan vulgar... tan hermosa.

Un día volveré

Un día volveré a buscar los cristales de tus lágrimas
y formaré un espejo donde verme llorar.

Un día volveré a recoger el azucar de tus besos
y con él en la boca me moriré de hambre.

Un día volveré a por el frescor de tus caricias
y con el hielo en el cuerpo me moriré de calor.

Un día volveré necesitada del aire de tus abrazos
y con las manos al cuello me moriré asfixiada.

Un día volveré pidiendo el refugio de tu cuerpo
y, apoyada en tu pecho, de miedo me moriré temblando.

Un día volveré a buscarte, a recogerte, a por ti,
necesitada y pidiendo, y tú no estarás allí.